Pronto te vas a casar de niña mujer serás, pero tú serás mi niña, tengas veinte, treinta o muchos años, porque recordaré siempre cuando en tu cuna dormías y yo, al despertarte, con tu carita sonrosada, al verme sonreías, y yo pensaba que tú niña siempre serías.
El otro día cuando en el hospital estaba y detrás del cristal de la UCI te miraba, era tanto el amor que por ti sentía que te vi a ti y a la Virgen María, porque nuestro amor no es de un año ni de un día, nuestro amor es para toda la vida.
Recuerdo de mi niñez, cuando en sus brazos me cogía, y de comer con sus manos ya encallecidas, pues de tanto trabajar así estaban, mi madre de comer me daba, y yo con la delicadeza y con el cariño que ella me trataba, me lo comía aunque no tuviera ganas, o cuando de noche dormir no podía, ella cantando dormir me hacía. Como en aquel tiempo tanta miseria había y mis amigos a mi casa a verme para jugar venían, mi madre, si estábamos comiendo, sin comer no los dejaba marchar, era tanta su bondad, que algunas veces sus ropas coser y planchar solía. Ésa era mi madre, ¡cómo la voy a olvidar! si de lo poco que había ella lo solía dar.